De la casa paterna en Yaguajay espirituano, donde transcurrió toda su adolescencia, conservó Amelia el purismo de los colores, la reverberación insolente de la luz del trópico, el cromatismo de la intemperie.
Aunque no existe esa denominación oficial para Sancti Spíritus, me atrevo a asegurar que no hay otra ciudad en Cuba con tantos puentes de barro como en la cuarta villa fundada por los conquistadores españoles a mediados de 1514.